miércoles, 14 de octubre de 2009

Desgraciada suerte.





Manuel, un hombre regordete y profesos de literatura, caminaba sin rumbo aparente, pensando en cómo sería el día siguiente, como se portarían sus alumnos, que frase hecha podría decir en qué momento de la clase y en que calle giraría para dar su paseo en su nueva ciudad.


Manuel estaba acostumbrado a pasear por la calle Zamora de Salamanca rodeado de universitarios con hormonas efervescentes con toques de psicosis preexámenes.
Ahora su vida era tranquila, en un instituto pequeño con alumnos de segundo de bachillerato motivados y cegados por sus sueños, todo era mucho mas simple.

Cuando avanzaba por la estrecha calle iluminada por la luz naranja de las farolas, recordaba los viejos tiempos en los que él y sus amigos miraban el reflejo de la puesta de sol en el mar.
Manuel había tenido una juventud feliz y plena, había hecho todo lo que había querido, cometido errores y disfrutado mucho. Hizo el amor por primera vez con dieciocho años el un Ford fiesta, viajó por Europa, estudió y disfrutó.

Ahora mientras caminaba recapacitando y pensando en sus acciones, intentaba sin éxito -por culpa de su tremenda barriga- mirar sus pies mientras caminaba. ¿Que había sido de su vida?, ¿Donde quedó todo?, ¿Alguien recordaba todas sus locuras?...
Manuel había crecido y ahora conocía el final de la historia, sus amigos casados o perdidos ya no recordaban sus historias y gracias a ello Manuel guardaría su vida y volvería a empezar.

Fdo: El vulgar secuaz.

Canción recomendada: Divenire (Ludovido Einaudi)

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3 comentarios:

Diego dijo...

(8) manuel pascual
manuel pascual
manuel pascual (8)

Alejandro dijo...

a quien se podra referir esta historia.....? sera un misterio para el resto de nuestras vidas jajaja¡¡

Gundemaro dijo...

No os metais con Manuel Pascual que es el puto amo